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¿Alguna vez has tenido uno de esos días en que el cuerpo simplemente fluye? En que cada movimiento parece ligero, como si flotaras dentro de tu propia piel. Y luego, otros días, en que todo se siente tenso, trabado, como si algo invisible te jalara hacia adentro.
Esa diferencia, tan sutil y tan real, pocas veces tiene que ver con tus músculos o tus articulaciones. Tiene que ver con tu fascia.
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Tara Brach plantea en Compasión Radical una idea profundamente liberadora: el sufrimiento no proviene únicamente de lo que nos ocurre, sino de la forma en que nos relacionamos con nuestra experiencia. Cuando rechazamos lo que sentimos, cuando luchamos contra nuestras emociones o cuando vivimos tratando de cumplir expectativas ajenas, terminamos cargando un peso innecesario que afecta nuestra paz interior y nuestras relaciones.
Hay caminos que no llegan a nuestra vida como una elección cómoda.
Llegan cuando algo ya no se puede sostener. Cuando lo que éramos deja de funcionar… y nos vemos obligados a preguntarnos quién somos en realidad. |
