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En esta casa, la tradición no consiste en repetir exactamente un sabor, sino en conservar una receta, sus ingredientes y los conocimientos necesarios para interpretarla generación tras generación.
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El próximo sábado 19 de septiembre —tercer sábado del mes y fecha en que este 2026 se conmemora el Día Mundial de las Playas— la mirada volverá hacia esa franja cambiante donde la tierra parece terminar y el mar comienza. Vinculada desde 1991 con las campañas internacionales de limpieza costera, la efeméride propone algo más profundo que admirar el horizonte: comprender que cada playa es un territorio vivo y que su belleza depende también de nuestra manera de habitarla.
En Sonora, el paisaje entra en la cocina mucho antes que los ingredientes. El sol intenso, la amplitud del desierto, los valles agrícolas, las comunidades serranas y el litoral del Mar de Cortés han construido una gastronomía de sabores directos, productos generosos y preparaciones que parecen conservar la memoria del territorio.
Antes de que se levante el telón, el color ya anuncia un país entero. Faldas que dibujan círculos, zapateados que transforman el escenario y músicas que atraviesan regiones e historias. En el Ballet Folklórico de México de Amalia Hernández, la tradición no aparece como una estampa inmóvil, sino como materia escénica: ritmo, disciplina, diseño y memoria colectiva. Esa capacidad de condensar la diversidad de México en una imagen reconocible explica por qué la compañía es, al mismo tiempo, patrimonio vivo, gran espectáculo y una de las marcas culturales más poderosas del país.
Cada 24 de julio, el Día Internacional del Tequila celebra mucho más que una bebida. En cada copa existe una historia construida entre campos de agave azul, antiguas rutas comerciales, conocimiento agrícola, paciencia artesanal y una identidad mexicana que ha recorrido el mundo sin desprenderse de su origen.
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