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Durante la época medieval, en Europa se creó todo un sistema literario para describir aquellas juntas entre los grandes señores y conocidas conquistas. Al mismo tiempo, al otro lado del mundo, sucedían hazañas no menos grandiosas, una de ellas, la más famosa, la que dejó más huella en la idiosincrasia y manera de pensar del pueblo japonés, es la de los 47 Rōnin. Estos “samurais” se encuentran en el templo de Sengakuji en Tokio, y se les venera como prototipos del honor y la fidelidad.
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De acuerdo con narrativas europeas e indígenas, la alianza entre los españoles y los tlaxcaltecas, con miras a la conquista de México Tenochtitlán, se selló a través de varios actos rituales, entre los que sobresale el bautismo de los señores de Tlaxcala, la unión de varios capitanes españoles con mujeres nobles pertenecientes a las principales casas señoriales de la región y el inicio del culto a varias imágenes católicas distribuidas entre los señores de Tlaxcala por el propio gran conquistador Hernán Cortés, artífice de México.
Perdido en la historia es el encuentro del hombre con el caballo. De los míticos centauros, a los caballos volantes que arribando a la China procedentes de Mongolia cambiaron la estética del caballo en el arte chino, al fiel Rocinante que acompañará al Quijote por todas sus andanzas, el gran Babieca quien porto inclusive ya muerto al mas victorioso Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Campeador, el cual en la estatua de la gran artista Anna Hyatt Huntington que engalana la plaza de entrada del Hispanic Society de Nueva York, y que triunfante sobre Rocinante lleva en mano la bandera de la Cruz. Sobresale Molinero gran caballo que cruzo por épicas batallas durante la conquista acompañando al gran conquistador Hernán Cortes, quien posteriormente fundó la crianza de estos y muchos otros animales para engrandecer a su naciente Nueva España.
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