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La definición de moneda aparece en el diccionario: “pieza de metal, generalmente redonda, con un relieve en cada cara, asignándole un valor económico determinado, se emplea como medio legal de pago”. Desde el asentamiento del hombre y las primeras formas de intercambio de los productos de su caza o producción, fue necesario inventar una manera general mediante la cual ese intercambio tuviera un valor reconocido y aceptado por ambas partes. Esta necesidad surge porque el trueque, que hasta principios del siglo VII a. C. había sido la principal forma comercial de intercambio, creaba discrepancias en el valor que cada quien asignaba personalmente a sus productos. Hubo, por ello y por muchas otras causas derivadas de esta situación, la necesidad de encontrar una forma con la cual pudiera tasarse un valor común para aquello que se necesitaba adquirir o intercambiar. Con el encuentro del hombre con los metales, y al descubrir su durabilidad y brillo, seguramente comenzó a sentirse atraído por este material, no sólo para su utilización decorativa en el atuendo personal, sino también como una de las primeras formas de estatus o incluso como símbolo distinguible del poder e importancia del portador. Así empezó a materializarse esa necesidad en la creación de ese material casi mágico que permitiría no sólo intercambiar productos, sino adquirir algo a cambio de un elemento común, acumulable y aceptado por todos: el dinero, representado por la moneda. Hubo, y aún hay, lugares y momentos en la historia del hombre donde esta “moneda” podía ser un corte de metal, un textil o cualquier producto deseado y valorado colectivamente, como el caso del cacao en México, que desde épocas precortesianas se utilizó como instrumento de intercambio y que durante el virreinato fue inmensamente apreciado. Incluso hasta nuestros días, en el maravilloso templo de Santo Domingo, en nuestro bellísimo y orgulloso centro virreinal de la Ciudad de México, se encuentra la figura de un Cristo de la Columna sentado, conocido como el Señor del Cacao, cuya caja de limosnas presenta orificios destinados originalmente para depositar este producto como óbolo. El uso de la moneda fue extendiéndose rápidamente, pues en ella se representaba tanto la demarcación de territorios como el símbolo del poderío del gobernante mediante su efigie, así como imágenes de dioses protectores o símbolos sagrados. Del tiempo de los romanos conocemos el legendario denario, primera moneda de circulación masiva de aquel mundo antiguo. El término “denario” significa “diez ases”, razón por la cual generalmente llevaba el símbolo de la X. Esta moneda circuló por el vasto Imperio romano y llegó a ser acuñada desde Egipto hasta Hispania y las costas africanas, siempre con la imagen del emperador en turno. Recordemos también el pasaje del Nuevo Testamento en el que Jesús, al observar la imagen del César en una moneda, respondió: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Entre tantas monedas históricas podemos mencionar las de Alejandro Magno, cuyo rostro quedó estampado en ellas. Al grabar la imagen del soberano, se garantizaba la pureza y el peso correcto del material con el que la moneda había sido acuñada. Durante siglos existieron también los llamados tlacos o monedas de peso irregular que, al cumplir con el peso requerido, recibían el sello del emisor o del valor correspondiente. Sin embargo, muchas veces las personas, de manera sigilosa, desgastaban ligeramente los bordes de las monedas para obtener pequeñas cantidades del metal y, acumulando esas mermas en varias piezas, lograban una ganancia extra. Esto provocó que los cantos de las monedas comenzaran a fabricarse con acanalados o relieves, de modo que cualquier desgaste pudiera notarse de inmediato y así evitar la pérdida de valor de la pieza. Nuestro amado México, país líder en tantos aspectos relacionados con la plata, una de las grandes innovaciones fue la llamada técnica de patio, revolucionaria durante el virreinato, pues mediante el uso de azogue permitía extraer una mayor cantidad de plata utilizando el mismo volumen de material proveniente de las minas.
Y como un orgullo más de nuestra historia —en la que el Virreinato representa un capítulo de enorme grandeza por la calidad de los hombres y mujeres que lo construyeron— debemos mencionar a la reconocida Casa de Moneda de México, de cuya ceca salieron innumerables monedas de ocho reales, con el peso de una tola, piezas que circularon por todo el mundo. Después del denario romano, pocas monedas alcanzaron tanta importancia internacional como el famoso real de a ocho acuñado en México. Por nuestro enorme comercio con Asia a través de los galeones, las monedas acuñadas en la ceca mexicana fueron recibidas con gran entusiasmo desde Filipinas hasta China, donde incluso eran reselladas por los gobiernos locales, autentificándolas y tasándolas mediante los llamados “chop”. Nuestras monedas poseían tal calidad, garantía y pureza que el propio George Washington respaldó diversas operaciones financieras mencionando pagos en “dólares españoles”, es decir, las monedas mexicanas de ocho reales. Siempre un motivo de orgullo por el lugar que México ha ocupado dentro de la historia y la cultura del mundo. Instagram: @rodrigoriverolake y @galeriarrl Website: rodrigoriverolake.com Texto: Rodrigo Rivero Lake Imágenes: F.P. Derechos Reservados 2026
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