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Según el historiador Zunzunegui, Hernán Cortés llegó a las costas de Yucatán y Cozumel en febrero de 1519. Posteriormente, fundó la Villa Rica en la costa de Veracruz, quemando las naves para evitar deserciones e iniciar su campaña de conquista hacia Tenochtitlán. El arribo de la expedición dirigida por Hernán Cortés a las costas del Golfo de México en 1519 marcó el comienzo de uno de los episodios más decisivos de la historia. Aquella escena —el rumor del mar, las velas abatidas por el viento y las siluetas de los navíos sobre la costa desconocida— inauguraba no sólo una empresa militar, sino también el nacimiento de innumerables relatos destinados a explicar y registrar el encuentro entre dos mundos. Las crónicas de la conquista refieren que los primeros contactos con los habitantes de la región se produjeron apenas unos días después del desembarco. Desde la distante capital mexica, Moctezuma Xocoyotzin envió emisarios para observar y comprender la naturaleza de aquellos hombres llegados por mar. Hernán Cortés especificaba a los aspirantes a acompañarle a esta expedición que fueran solteros; así llegaría a fundar con ello su nueva nación, la nueva raza. El hecho, de todos sabido, de quemar las naves evitaría cualquier intento de rebeldía y sublevación, pues estaba decidido a enfrentar los retos que el destino le marcara para consolidar estas hazañas épicas que a continuación enfrentaría. Este episodio revela el encuentro entre dos tradiciones visuales profundamente distintas. En el mundo mesoamericano, la pintura y la escritura pictográfica constituían un sistema complejo para narrar acontecimientos, consignar genealogías o registrar ceremonias. Los gobernantes eran reconocidos por sus insignias, su indumentaria y el contexto ritual que los rodeaba. La identidad no residía en los rasgos del rostro, sino en los símbolos que definían su autoridad. Por ello, las representaciones de Moctezuma Xocoyotzin en códices —como el Códice Florentino o el Códice Mendoza— no buscan reproducir su fisonomía individual. El tlatoani aparece identificado por los atributos de su dignidad: la xiuhuitzolli, diadema de turquesa reservada al soberano, los finos mantos de algodón y los símbolos que evocan el poder mexica. Su presencia se reconoce por estos signos antes que por el retrato de su rostro. Las descripciones físicas del emperador provienen, en cambio, del cronista Bernal Díaz del Castillo, quien lo describió como hombre de buena estatura, delgado, de rostro alargado y con escasa barba. Otros testimonios, como Francisco de Aguilar, añadieron observaciones sobre su porte y su carácter. Estas descripciones influyeron con el tiempo en las representaciones realizadas tanto en Europa como en el mundo novohispano, donde la figura de Moctezuma comenzó a representarse con rasgos cada vez más individualizados, conforme a la tradición pictórica occidental. Con el paso de los siglos, el encuentro entre Hernán Cortés y Moctezuma Xocoyotzin se convirtió en uno de los episodios más recreados de la historia de la conquista. Pinturas, grabados y crónicas ilustradas reinterpretaron aquella escena fundacional a partir de los relatos escritos. En muchas de estas imágenes aparece también la figura de La Malinche —Marina—, quien fuera la transcriptora de todo acontecimiento y desempeñó un papel decisivo como intérprete y mediadora entre los españoles y los personajes de diversos pueblos que en esta historia aparecieron. Así, el desembarco de 1519 no sólo dio inicio a una empresa militar y política de vastas consecuencias. También inauguró la construcción de un imaginario visual sobre la conquista. Desde los primeros registros realizados por los tlacuilos hasta las pinturas producidas siglos después, la figura de Moctezuma y su encuentro con Cortés han permanecido como un tema central de la iconografía histórica: una escena que, entre memoria, relato y representación, continúa reinterpretándose en la historia del arte. En nuestra galería contamos con dos óleos que representan esta escena. Uno de ellos, de pequeño formato en óleo sobre tela (34 x 53 cm), lleva una inscripción que dice: "Llora Guatemuz ante Cortés". Describe, a la izquierda, el momento de su encuentro y posible abrazo, interponiéndose en primer plano a Cuauhtémoc, hincándose frente al barbado y benevolente Cortés, quien pretende levantarlo para evitar este acto, seguido por dos niños a la usanza indígena que lo cuidan y acompañan, y varios naturales que, con grandes penachos emplumados, sustentan sus símbolos representativos. Junto a ellos, un pregonero con sombrero europeo con grandes plumas y trompeta en uso, de la cual cuelga la bandera roja española. De espaldas y en primer plano, un soldado español con alabarda en mano, casco y coraza. Siguiendo el relato, a la derecha, saliendo de uno de los bergantines construidos bajo la dirección de Cortés, con el velamen recogido, aparece la bandera roja con el escudo real español; nave que, llevando aparte de la tropa española —portando, al igual que Cortés, espadas, pechera y casco—, se acerca a la escena. También aparece una nave de menor envergadura con un español que mantiene diálogo con una mujer de la embarcación principal, que suponemos debe ser La Malinche; a un lado de él, otra mujer indígena con un séquito la acompaña. Al fondo se observa una ciudad de traza europea que suponemos representa Tenochtitlán y dos naves pequeñas sobre las aguas, todo sobre un fondo diluido entre un azul y un gris que delinea en blanco pocas nubes. Su calidad nos permite atribuirlo a una buena mano.
Instagram: @rodrigoriverolake y @galeriarrl Website: rodrigoriverolake.com Texto: Rodrigo Rivero Lake Imágenes: F.P. Derechos Reservados 2026
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