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Era un “Martes de Damas” en el que entonces se llamaba Hotel Nikko. Acompañado de un menú de degustación y el sonido de la música de cámara salieron las modelos vistiendo una de las colecciones más glamorosas que había visto hasta entonces. Los trajes sastres, confeccionados en tela príncipe de gales, se complementaban con unos sombreros de grandes alas al estilo de la Alta costura francesa. Las modelos parecían sacadas de alguna revista europea y su caminar recordaba a los salones de moda de los años cuarenta. Eran los años noventa y, posiblemente, el último respiro de la edad de oro de la Alta costura mexicana. “El glamour es para la elegancia como un encaje transparente, los encajes son transparentes, por supuesto, pero añaden el adorno y el encanto del glamour a las prendas que los llevan”, me dijo años antes Héctor Terrones en un audio que todavía conservo y que fue parte del repertorio de entrevistas que realicé para mi Tesis de graduado en Diseño de Moda. Este desfile de Héctor fue uno de los pocos que presencié donde casi no aparecieron sus grandes vestidos, aquellos que lo hicieron famoso, pero sin duda se quedó grabado en mi memoria debido a que me mostró un aspecto que casi nadie conocíamos de él, su talento para la sastrería femenina. Graduado de Jannette Klein, Héctor fue mi maestro cuando, en 1993 comencé a estudiar Diseño de Moda. Con él aprendí los fundamentos de la metodología del diseño y conocí la historia de diseñadores como Lagerfeld, Versace o mi adorada Zandra Rhodes. Cuando le dije que quería inscribirme a mi primer concurso, el Moda Premio, se apresuró a decirme que no podría entrar si no sabía dibujar. Después de asegurarse que estaba dispuesto a aprender me encargó, durante tres semanas, cien figurines diarios, “hazlos en hojas recicladas, para que no desperdicies papel, dibuja mientras ves la televisión o cuando ves revistas”. Cuando llegué con mi altero de papeles y mis dibujos feos, sin tan siquiera contarlos, de una ojeada eligió los que le parecieron mejores y me dijo “repite cincuenta veces cada uno de estos y luego regresas para ver qué es lo que quieres diseñar para el concurso”. Terrones fue un gran maestro de quien conservo recuerdos agradables y otros no tanto. A su lado conocí a muchas personas que después admiré profundamente. Me llevó a trabajar en un desfile de Claudio Sala, quien a partir de ese día me saludó siempre con respeto y hasta yo diría que con cariño. Me presentó con Carmen Campusano y cuando compartimos espacios juntos en la televisión solía sugerirme que la llamara para modelar mis creaciones, lo cual siempre fue un acierto. Mucha gente me ha preguntado si tuvimos desencuentros, porque el carácter de Héctor era difícil y como los grandes diseñadores tenía un ego que podía ser insoportable. Sí, los tuvimos por supuesto, pero siempre nos respetamos y nunca fueron tan importantes como para dejarnos de tratar.
Cuando Sarah Bustani comenzó a llevar a los diseñadores de moda a la televisión abierta, Terrones la acompañó en esta aventura. Ella me ofreció tener una cápsula los viernes donde hablaría de historia de la moda y a veces era Héctor quien me entrevistaba. Hicimos esto juntos durante varios meses hasta que me dieron un llamado equivocado y llegué tarde a la entrevista. Aunque me regañó, me aconsejó que nunca perdiera estas oportunidades. Durante algún tiempo creí que no me volverían a llamar para entrevistas para la televisión hasta que un día fue Héctor quien me pidió acudir a un programa. Me pidió contratar cinco modelos (algo inusual y que me saldría carísimo), cumplí con lo que me pidieron y llegué, con mi primera colección presentada en Fashion Week, y un cast inigualable. Aquel día habló bellísimo de mis diseños, a la semana siguiente me llamó por teléfono para decirme que habíamos tenido el rating más alto del mes y que todo comenzó cuando, en plena entrevista, decidí quitarme los lentes frente a la cámara. Reímos juntos y a partir de entonces compartimos experiencias, como dos colegas que se entienden. Héctor Terrones tuvo grandes momentos en la moda mexicana. Recorrió el país entero con sus diseños, fue embajador de L’oreal –que lo llevó a presentar su colección a París— y se posicionó, como en su momento lo hicieran Julio Chávez o Mitzy, como el diseñador de las estrellas. Pero el mundo del espectáculo es maravilloso pero cruel y, a pesar de que intentó sortear los malos momentos, no de todas sus batallas salió bien librado. Aún así, se convirtió en uno de los nombres más conocidos de la moda mexicana. Para mí, uno de sus instantes épicos fue cuando, dicen, sostuvo una discusión con Macario Jiménez acerca de si un vestido de noche debe o no llevar pedrería. Por supuesto Macario defendía la sobriedad mientras Terrones estaba a favor del exceso. Sin lugar a duda ambos pueden tener razón, pero lo importante es que ambos demostraron que la época en que los diseñadores pretendían ser todos iguales se había terminado. Héctor Terrones dejó este mundo el pasado 1° de noviembre, dejó tras de sí un estilo que bien podría llevar su nombre y una gran cantidad de polémicas en torno a sus ideas de la moda, la belleza, el estilo o la elegancia. Héctor lo fue todo y todo eso que hizo lo realizó con pasión y entregando por completo su energía. Nunca fue de medias tintas. Equivocado o no, a través de sus colecciones le dijo al mundo quién era y lo cuáles eran sus ideas de la belleza y la moda. Recuerdo muchas cosas de él, por mencionar algunas: que siempre que viajé al extranjero con mis colecciones me preguntaba “¿Qué haría Terrones en este caso?”, que nunca faltó a ninguno de mis desfiles donde siempre ocupó un lugar en primera fila (aunque no estuviera planeado), que nunca me reprochó el hecho de no haber trabajado para él, pero que siempre me dio la oportunidad de hacerlo cuando se trataba de desfiles o entrevistas y, por supuesto, que su voz se encuentra en esta colección de audios que conservo de aquellas entrevistas donde me hablaron los grandes diseñadores de su época –muchos de ellos hoy desaparecidos—y que el destino me permitió documentar. Es en esa cinta donde Héctor Terrones me dijo una de sus grandes frases célebres, que para mí se convirtió en un mantra y que la repito cada vez que quiero evocar la magia de la teatralidad y el drama en mis colecciones: “el glamour es a la elegancia como un encaje transparente”. Instagram: @GuillermoLeónLB Podcast: El Reino de la Historia de la Moda Website: guillermoleon.com.mx Texto: Guillermo León Imágenes: Guillermo León Derechos Reservados 2025
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