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Diciembre en México tiene una cadencia propia: una mezcla de nostalgia, aromas cálidos y rituales que se encienden alrededor de una mesa. Las celebraciones decembrinas no solo marcan el cierre de un ciclo, sino el momento del año donde la cocina se vuelve confesionario, refugio y escenario. Esta es la segunda y última entrega de nuestro especial dedicado a la gastronomía navideña mexicana: un viaje por los platillos, postres y bebidas que, desde la época virreinal hasta nuestros días, han definido el sabor emocional de la Navidad y del Año Nuevo.
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Durante octubre, la Ciudad de México volvió a respirar creatividad. Design Week México 2025 concluyó su 17ª edición dejando una huella tangible: la confirmación de que el diseño mexicano no solo se exhibe, sino que habita, transforma y dialoga con su entorno.
En México, diciembre tiene aroma a canela, ponche y pavo al horno. Las calles se iluminan, las cocinas hierven de vida y los recuerdos comienzan a cocinarse junto con los platillos que dan sabor a la temporada. Las fiestas decembrinas no solo son una expresión de fe o convivencia, sino un ritual colectivo donde la gastronomía se convierte en lenguaje de identidad.
Esta es la primera entrega de dos dedicadas a la historia y los sabores de las celebraciones navideñas mexicanas —una invitación a recorrer los fogones, olores y texturas que acompañan nuestras posadas, brindis y cenas familiares. En México, la muerte no es ausencia: es presencia transformada. La festividad del Día de Muertos tiene raíces profundas que se remontan a las cosmovisiones de pueblos como los mexicas, mixtecas, zapotecas y totonacas — culturas que veneraban a los difuntos como parte de un ciclo natural de la vida.
La Ciudad de México vuelve a encender sus luces de taller. Design Week México (DWMX) 2025 celebra su 17ª edición con un mensaje rotundo: “Diseñado en México” no es una consigna, es una manera de habitar el mundo. Durante todo octubre, la plataforma impulsada por México Territorio Creativo convoca a arquitectos, diseñadores, artistas y artesanos —de aquí y de fuera— a un diálogo que cruza fronteras, entrelaza comunidades y convierte a la capital en laboratorio creativo abierto. Esta edición suma esfuerzos con la Semana del Cambio Climático y Obra Blanca, robusteciendo una agenda que mira al futuro sin perder el pulso de lo local.
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