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Mientras la principal feria de arte contemporáneo de Turquía, Contemporary Istanbul, ya prepara su edición número 21 para septiembre, con Asia como región invitada y una programación que volverá a ocupar los antiguos astilleros otomanos de Tersane Istanbul, la escena artística de la ciudad tuvo en abril un anticipo de lo que vendrá con CI Bloom, la feria dedicada exclusivamente a las galerías y artistas turcos. Pero recorrer Estambul durante esos días implica mucho más que visitar una feria: es atravesar una ciudad donde el arte contemporáneo convive, literalmente, con capas de historia bizantina y otomana. CI Bloom, organizada por Contemporary Istanbul cada primavera en el centro de convenciones Lütfi Kırdar, funciona como la versión joven y experimental de la gran feria internacional que se realiza cada septiembre. En esta quinta edición participaron 28 galerías, más de 320 artistas y unas 860 obras, con fuerte presencia de espacios de Estambul pero también de Ankara, Bodrum o Diyarbakır. La feria confirmó además algo que desde hace años señalan especialistas y curadores locales: el rol central de las mujeres dentro de la escena artística turca: “En Turquía, la presencia de mujeres en el arte es muy alta, incluso más que en muchos países occidentales. Si uno mira la historia de la escena local, el rol femenino fue fuerte desde el comienzo”, explicó durante una recorrida por la feria el historiador y curador Marcus Graf. Entre pinturas, esculturas, fotografía, instalaciones y piezas digitales, CI Bloom dejó ver también una escena atravesada por tensiones políticas, debates sociales y una nueva generación de coleccionistas. En un contexto económico complejo y con alta inflación, los organizadores decidieron reducir un 30 por ciento los costos para las galerías y fijar anticipadamente el tipo de cambio en liras turcas. “El arte es la herramienta más poderosa que debemos tener a mano en este aterrador entorno de guerra. El arte nos permite pensar de manera diferente y, en cierto modo, resistir lo que sucede a nuestro alrededor”, dijo Ali Güreli, fundador y presidente de Contemporary Istanbul. Por fuera de la feria, la ciudad despliega una escena mucho más amplia. Uno de los puntos centrales sigue siendo Istanbul Modern, el museo de arte contemporáneo diseñado por el arquitecto Renzo Piano frente al Bósforo, en el barrio de Karaköy. El edificio, revestido con paneles metálicos que reflejan la luz cambiante del agua, parece flotar sobre el estrecho que divide Europa y Asia. Hay una piscina muy delgada en la terraza de este modernísimo edificio de varias plantas, donde las gaviotas de a decenas se refrescan cada tarde, mientras el sol cae y provoca sus reflejos serpenteantes. Justamente el arquitecto italiano diseñó este edificio inspirado en los reflejos brillantes de las aguas del Bósforo, que salpican el Cuenco de Oro y que fue utilizado como puerto durante miles de años. Durante esta temporada, Istanbul Modern inauguró “Aria of All Colors”, gran retrospectiva dedicada a Semiha Berksoy, considerada la primera soprano dramática de Turquía y una de las figuras más singulares de la modernidad cultural del país. La exposición reúne más de 200 obras que dan cuenta de las singulares conexiones que la artista forjó entre la ópera, el teatro, la pintura y la literatura. A pocas cuadras, sobre la famosa avenida peatonal Istiklal, otro museo resume el crecimiento cultural reciente de Estambul: el Türkiye İş Bankası Museum of Painting and Sculpture, inaugurado en 2023 dentro de un histórico edificio restaurado. Allí se exhibe más de un siglo de pintura turca, desde las obras del célebre Osman Hamdi Bey, quien retrató a la sociedad islámica de su tiempo. Pero quizás uno de los espacios más impactantes de la ciudad sea el Zeyrek Çinili Hamam, un baño turco del siglo XVI diseñado por el legendario arquitecto Mimar Sinan y reabierto después de trece años de restauración. Ubicado en una zona declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este edificio -obra maestra de la arquitectura otomana- funciona hoy también como museo y espacio de arte contemporáneo. Debajo del hammam, una antigua cisterna bizantina alberga exposiciones site specific. Allí acaba de inaugurar “Temenos: The Inland Sea”, de la artista estadounidense Margaret R. Thompson, curada por Anlam de Coster. La muestra combina pinturas, sonido, aromas y textiles creados especialmente para ese espacio subterráneo. La experiencia tiene algo hipnótico. El visitante desciende lentamente hacia la cisterna mientras el olor a especias y aceites invade el ambiente y una banda sonora compuesta con grabaciones de manantiales acompaña el recorrido. Las obras, de estilo surrealista, dialogan con siglos de historia acumulados bajo tierra. En otra sala del complejo, antiguos artefactos romanos, bizantinos y otomanos, que fueron descubiertos durante la restauración, se exhiben en la parte que funciona como museo, cuyo acceso a cielo abierto permite vislumbrar las majestuosas cúpulas de los antiguos baños termales.
Ciudad de pasado legendario e imperial, Estambul cautiva los sentidos con sus paisajes, o con el aroma a especias y café que invade los bazares y las callejuelas serpenteantes que desembocan en el Bósforo. En ese escenario de contrastes, donde pasado y presente parecen convivir de forma permanente, el arte contemporáneo también tiene un lugar relevante. Artículo por Mercedes Ezquiaga, autora del libro "Todo lo que necesitas saber sobre arte argentino", de Editorial Planeta. Instagram: @mercedesezquiaga Linktr.ee: Mercedesezquiaga Texto: Mercedes Ezquiaga Imágenes: F.P. Derechos Reservados 2026
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