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La muestra en Torre Macro despliega el universo lúdico del gran artista pop argentino reconocido internacionalmente, donde la alegría no es solo tema, sino una forma de pensar y habitar el arte. Si hace falta un momento singular, de felicidad liberadora, basta con acercarse a “La alegría es lo que hace girar al mundo”, la exhibición del gran artista pop argentino Edgardo Giménez, en Torre Macro, que reúne obras nunca antes vistas junto a piezas realizadas especialmente para esta ocasión, en un recorrido singular que articula momentos históricos y producciones recientes. Monos, elefantes y perros habitan un universo etéreo, con cielos límpidos y arcoíris fulgurantes. Un aire fresco recorre las salas, donde el color, siempre protagonista, despliega su potencia con energía envolvente. Entre las piezas se destaca un jardín de flores que transforma el espacio. Se suman pinturas de gran formato, donde la fuerza cromática adquiere un carácter escenográfico. La muestra incluye también la recreación del arco diseñado para la Casa Azul que el artista realizó para Jorge Romero Brest en 1972, una obra emblemática que recupera el espíritu experimental de aquellos años y vuelve a pensar la arquitectura como territorio de fantasía. Completan el conjunto una serie de esculturas de sus célebres monas, figuras centrales en su imaginario visual, cuya ambigüedad, entre ironía y ternura, activa el espacio y refuerza la idea del arte como juego y celebración. Entre lo analógico y lo digital En el marco de la exposición, Giménez presenta además un nuevo dispositivo para su serie Fancy Monas: un proyecto compuesto por 1942 obras únicas generadas mediante un algoritmo combinatorio que fusiona múltiples referencias de su trayectoria. La propuesta revisita, desde el presente, la lógica de la serialización propia del pop art. Se exhiben seis backlights, versiones físicas de obras tokenizadas, que refuerzan la dimensión digital de su producción. La luz y la intensidad cromática, rasgos constantes en su obra desde los años sesenta, aparecen aquí potenciados por nuevas herramientas, sin perder su carácter lúdico. Una obra con la impronta del juego Una de las ideas centrales de Giménez ha sido “estetizar la vida diaria”. Para el artista, vida y obra condensan una vitalidad ligada a la alegría. “Todo lo que aburre no es arte”, sostiene el artista. Y agrega: “Así como en el amor uno no puede tener una pareja con la que se aburre, en todos los órdenes de la vida ocurre lo mismo”. Autodidacta, nunca cursó estudios formales en disciplinas como publicidad, diseño, arquitectura o artes plásticas. En su biografía recuerda una conversación con Jorge Romero Brest: “No sos el único; Le Corbusier tampoco era arquitecto titulado. Lo importante son las ideas”. Su obra integra las colecciones del Museum of Modern Art, el Metropolitan Museum of Art y el Musée des Arts Décoratifs, entre otras destacadas instituciones internacionales. A lo largo de su trayectoria, su producción se desplegó en múltiples disciplinas. En pintura y escultura, expuso en espacios como el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, el Museo Nacional de Arte Decorativo, el Museo de Arte Tigre, el Museo Nacional de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. También desarrolló proyectos arquitectónicos experimentales, como la emblemática Casa Azul presentada en el MoMA dentro de Transformations in Modern Architecture, así como otras casas icónicas en la provincia de Buenos Aires y en la ciudad.
Su trabajo gráfico alcanzó reconocimiento internacional con su inclusión en la muestra “Los carteles más bellos del mundo”, presentada en el Grand Palais de París bajo el auspicio de la UNESCO. Fue además director de arte del Teatro San Martín y del Teatro Colón, y desarrolló una vasta producción que abarca desde afiches y mobiliario hasta escenografías, instalaciones y objetos de uso cotidiano. Educado en el imaginario de Disney y en el cine de Hollywood, su obra dialoga con los mitos e íconos de la cultura popular. El cine, la televisión y los radioteatros, claves en la Argentina de los años sesenta, aparecen resignificados en un lenguaje propio. Su premisa, sostenida en el tiempo, es clara: el arte debe producir un efecto real. “El arte tiene que servirte para ponerte bien, para ponerte feliz”. En tiempos de saturación visual e incertidumbre, en la obra de Giménez habita una idea simple y, a la vez, radical: el arte no solo puede transformar la percepción, sino también el estado de ánimo. En ese gesto, profundo en su efecto, reside la poética de una producción que, desde hace décadas, elige no aburrir. Información “La alegría es lo que hace girar al mundo”, de Edgardo Giménez, puede visitarse hasta junio en Torre Macro (Avenida Eduardo Madero 1172, Ciudad de Buenos Aires), de lunes a viernes de 10 a 18 h, con entrada libre y gratuita. También se ofrecen visitas guiadas grupales a cargo de Ronda Cultural, con inscripción previa en este enlace. Marina Oybin, periodista y crítica de arte Instagram: @marinaoybin Texto: Marina Oybin. Imágenes: Marina Oybin. Derechos Reservados 2026
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