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Hay libros que llegan como respuestas, aunque uno no sepa exactamente cuál era la pregunta. A mí me pasó con Anatomy of the Spirit.
Y aquí es donde la Pascua cobra un sentido mucho más profundo. Más allá de la tradición religiosa, la Pascua es una invitación simbólica —y profundamente humana— al renacimiento. No a un cambio superficial, sino a una transformación interna. A morir a lo que ya no somos. A soltar viejas narrativas, viejos miedos, viejas identidades que ya no sostienen la vida. Renacer no es empezar de cero. Es recordar. Recordar que no estamos separados. Que pertenecemos. Que somos parte de algo infinitamente más grande que nuestras historias individuales. En mi práctica, y en mi propia vida, he visto que el verdadero cambio no ocurre cuando queremos controlar el mundo externo, sino cuando elegimos responsabilizarnos de nuestra energía interna. De nuestra presencia. Porque sí, el mundo está en crisis. Pero también lo está nuestra atención. Nuestra capacidad de estar presentes, de escuchar, de sostener al otro sin juicio. Tal vez esta Pascua no se trate de buscar respuestas afuera. Sino de hacernos preguntas más honestas adentro: ¿Desde dónde estoy viviendo? ¿Desde el miedo o desde la conexión? ¿Desde la separación o desde el amor? No se trata de negar lo que duele en el mundo.
Se trata de no desconectarnos de nuestra capacidad de responder con conciencia. Porque cada uno de nosotros es un punto de impacto. Un nodo en esta red invisible que nos une. Y aunque no podamos detener una guerra, sí podemos elegir no alimentar la violencia en lo cotidiano. Aunque no podamos resolver la desigualdad global, sí podemos practicar la compasión en lo cercano. Aunque no podamos cambiar el sistema político, sí podemos habitar nuestra vida con más verdad. Eso también es renacer. Hoy más que nunca, el mundo no necesita más ruido. Necesita presencia. Y tal vez, solo tal vez, vivir en presencia sea el acto más radical —y más amoroso— que podemos ofrecer. Porque, al final, no estamos solos. Nunca lo hemos estado. Somos continuación. Somos reflejo. Somos parte. Y siempre, siempre, estamos a tiempo de volver a empezar. Tal vez el verdadero acto de valentía hoy no sea tener todas las respuestas, sino abrirnos a la posibilidad de que no estamos solos. De que hay una inteligencia más grande que nosotros —llámala Dios, naturaleza, energía creadora— que sostiene la vida incluso cuando no la entendemos. Confiar no es resignarse; es rendirse conscientemente a esa danza invisible que en la tradición yóguica se conoce como Lila: el juego divino de la existencia. Es soltar la ilusión de control y permitirnos ser parte del flujo, recordando que hay un orden más profundo operando, aun en medio del caos. Quizá hoy la invitación es esa: hacer una pausa, respirar y elegir confiar. Porque, en esa confianza, dejamos de resistir la vida… y empezamos, verdaderamente, a vivirla. Vivir en Presencia. Instagram: @alequinterooria Website: alequinterooria.com Texto: Alejandra Quintero. Imágenes: F.P. Derechos Reservados 2026
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